Cuando un empresario dice “quiero vender mi empresa”, a menudo imagina una escena: aparece un comprador, se negocia un precio, se firma y se cobra.
En el mercado real, rara vez funciona así. Una venta de empresas (M&A) es más parecida a dirigir un proceso que a negociar un número.
El comprador no paga solo por resultados. Paga por resultados más la probabilidad de que esos resultados sean sostenibles y transferibles.
Y esa probabilidad se construye con el orden de las fases: qué preparas antes de salir, qué información compartes, cómo respondes en reuniones, cómo sostienes el EBITDA en due diligence y cómo cierras el SPA sin dejar flecos.
Si el proceso está bien diseñado, el comprador compite y se concentra en el valor. Si el proceso está desordenado, el comprador se concentra en el riesgo. Y cuando el comprador se concentra en el riesgo, aparecen descuentos, pagos diferidos y contratos más duros.
Mapa rápido del proceso de venta de una pyme.
Aquí tienes el recorrido, con el orden “correcto” de una operación profesional en España:
Mandato → Análisis estratégico → Preparación (incl. EBITDA normalizado) → Teaser/InfoMemo → Teaser a interesados → NDA → InfoMemo → Reuniones → Ofertas → Due diligence → SPA → Firma
Un mini-esquema para entender la lógica:
Fases 1–3 (control del vendedor): preparar y posicionar para no negociar a la defensiva.
Fases 4–8 (mercado): generar interés cualificado, convertirlo en ofertas y elegir finalista(s).
Fases 9–10 (cierre): validar, ajustar lo justo y firmar un contrato proporcionado.
Con esto claro, vamos fase por fase sin convertirlo en un manual pesado, pero sin saltarnos lo que de verdad mueve el resultado.
Fase 1: firma del mandato de venta.
El proceso arranca cuando se firma el mandato de venta. No porque el papel “haga magia”, sino porque fija reglas antes de que haya presión. Un mandato bien planteado evita dos errores muy comunes: empezar sin rumbo y ceder condiciones importantes cuando ya estás cansado.
En esta fase se alinean expectativas: ¿se vende el 100% o una parte? ¿se busca un socio para crecer o una salida total? ¿el vendedor quiere quedarse un tiempo? ¿qué confidencialidad se necesita? También se acuerda cómo se gestionará la comunicación interna, porque en muchas empresas el simple rumor de “están vendiendo” afecta al equipo, a clientes o a proveedores.
Además, el mandato pone orden en la gobernanza del proceso: quién decide qué hitos, cómo se aprueba el shortlist, cuándo se cambia de estrategia si el mercado responde distinto a lo esperado. Es importante porque una venta tiene momentos de fricción (peticiones de exclusividad, exigencias de información, ofertas con estructura compleja).
Si no hay un marco, cada fricción se negocia “en caliente”.
Qué suele quedar definido desde el inicio (sin necesidad de burocracia):
- objetivo y perímetro de la operación
- niveles de confidencialidad y escalera de información
- calendario por hitos (no por promesas de fechas)
- coordinación con abogados/fiscalistas
- líneas rojas razonables (exclusividad, earn-out, permanencias).
Fase 2: análisis estratégico: tipos de compradores y encaje.
Antes de preparar el InfoMemo, hay que responder bien a una pregunta: ¿quién te compraría y por qué le interesa? En M&A, el “por qué” es el motor. Sin motor, habrá regateo.
Aquí se identifican tipos de compradores, pero con motivación concreta:
- Un industrial puede estar motivado por sinergias comerciales (acceso a clientes), sinergias operativas (capacidad, costes, compras), integración vertical (asegurar canal o suministro) o consolidación sectorial.
- Un inversor financiero suele mirar estabilidad, escalabilidad, calidad del EBITDA, equipo y riesgo de ejecución.
- Un family office puede priorizar recurrencia, caja y estabilidad, con menos obsesión por la “ingeniería” si confía en el negocio.
Lo relevante es entender qué comprador vería tu empresa como estratégica. Porque cuando hay encaje fuerte, el comprador se mueve rápido, acepta mejor la lógica del precio y es menos proclive a usar la due diligence como palanca para reescribir el trato.
En paralelo se trabaja la equity story, sin postureo. Una equity story buena no es “somos líderes”: es explicar por qué os eligen, qué sostiene el margen, qué riesgos existen y cómo se gestionan, y dónde está el crecimiento realista. Esta historia será la columna vertebral del Teaser, del InfoMemo y de las reuniones.
Fase 3: preparar la empresa para vender sin “maquillaje”
Esta fase no consiste en “ponerla bonita”. Consiste en hacerla comprensible. Y lo que es comprensible se paga mejor.
Preparar la empresa suele implicar ordenar información financiera, comercial, operativa y de riesgos. No porque el comprador vaya a leerlo todo el primer día, sino porque llegará un momento (due diligence) en el que sí querrá verlo todo, y ese momento no es el adecuado para improvisar.
Normalizar el EBITDA: la base que sostiene el precio
La normalización del EBITDA es uno de los puntos más decisivos y, a la vez, donde más se improvisa mal. El EBITDA normalizado intenta responder a esto: ¿qué resultado recurrente puede esperar el comprador si el negocio se gestiona con criterios “de mercado” y sin hechos excepcionales?
La clave no es hacer una lista larga de ajustes. La clave es hacer una lista corta, lógica y defendible.
Ajustes habituales (cuando proceden) pueden ser:
- gastos no recurrentes demostrables (un extraordinario real, no una etiqueta)
- gastos del propietario que no seguirán tras la venta (con criterio)
- retribuciones fuera de mercado (ajustadas a una situación normal)
- costes que faltan para operar sin el vendedor (si hoy haces tú funciones clave)
- efectos puntuales (ingresos no repetibles, indemnizaciones excepcionales)
Un consejo práctico: el comprador no solo mirará la cifra; mirará tu forma de defenderla. Si la normalización está documentada y es sensata, el comprador se centra en el negocio. Si suena a “cocina”, el comprador se protege: baja oferta o endurece condiciones.
Qué conviene ordenar antes de salir al mercado.
No se trata de “arreglar la empresa” en seis semanas. Se trata de que los puntos sensibles no aparezcan tarde. En la práctica, lo que más suele impactar en negociación (y que conviene revisar antes) es:
- contratos relevantes: duración, renovaciones, cláusulas críticas
- concentración de clientes: y, si existe, cómo se mitiga o se explica
- dependencia del fundador: qué parte es transferible y cómo se transiciona
- temas laborales/fiscales: contingencias, inspecciones, litigios
- propiedad intelectual/tecnología: titularidad, licencias, dependencias
- circulante: stock lento, saldos dudosos, estacionalidad
Pequeño esquema útil: antes de salir al mercado, intenta tener clara esta frase:
“Estos son los 3 riesgos principales del negocio y así están controlados”.
Decirlo con serenidad y datos vale más que prometer que no hay riesgos y que la valoración es clara.
Fase 4: Teaser e InfoMemo: vender sin regalar información.
Aquí se construye la escalera de información. Primero atraes al comprador correcto sin revelar identidad; luego le das material suficiente para valorar y avanzar.
El Teaser es breve y anónimo. Su función es abrir la puerta. Tiene que explicar qué tipo de empresa es, qué hace atractiva la operación y qué magnitudes (en rangos) la describen, sin dar pistas obvias.
El InfoMemo es el documento de verdad. Debe permitir que el comprador entienda el negocio como lo entiendes tú: propuesta de valor, mercado, clientes y canales (con criterio de confidencialidad), operaciones, equipo, finanzas y puente a EBITDA normalizado, además de palancas de crecimiento realistas.
Un InfoMemo bien hecho no “vende humo”. Da contexto y orden. Y eso reduce el espacio para interpretaciones creativas del comprador.
Fase 5: divulgación del Teaser a interesados.
Con el Teaser listo, se contacta a interesados seleccionados (no a todo el mundo). Aquí conviene huir del volumen por el volumen. Una divulgación indiscriminada puede generar rumores, desgastar al equipo interno y atraer perfiles que no cierran.
Lo normal es una divulgación controlada: contacto, breve conversación para entender encaje, y seguimiento.
En este punto ya se ve quién es serio. El comprador serio pregunta por drivers, márgenes, recurrencia, equipo, capacidad y riesgos. El comprador “curioso” pregunta por el nombre del cliente grande antes de firmar NDA o pide datos sensibles demasiado pronto.
Fase 6: NDA y entrega del InfoMemo.
Cuando hay interés real, se firma el NDA y se entrega el InfoMemo. El NDA filtra: quien no está dispuesto a firmar, normalmente no está dispuesto a avanzar.
A partir de aquí, la conversación cambia. Se entra en preguntas concretas, se piden aclaraciones y se empieza a formar una opinión de precio. Por eso es importante mantener consistencia: respuestas alineadas con el InfoMemo, y un registro de preguntas y respuestas (Q&A) para no contradecirse.
Un punto fino, pero muy útil: dosificar información ultra-sensible. No por ocultar, sino por proteger el negocio. Por ejemplo, a veces tiene sentido reservar detalles de ciertos contratos o nombres de clientes hasta tener finalistas, dependiendo del sector y del riesgo de filtración.
Fase 7: reuniones con candidatos y gestión del Q&A.
Las reuniones (management meetings) suelen decidir más que el propio InfoMemo. Porque el comprador está evaluando negocio y equipo a la vez.
Estas reuniones funcionan mejor como conversación guiada. Empieza por lo esencial (qué hacéis y por qué os eligen), aterriza el margen (qué lo explica y qué lo amenaza), muestra cómo se gestiona (KPIs, procesos, equipo) y habla de crecimiento sin prometer milagros (palancas y recursos).
Aquí no conviene improvisar las preguntas difíciles. Lo normal es preparar respuestas para concentración, dependencia del fundador, variaciones de margen, estacionalidad, rotación, litigios.
La diferencia entre responder bien y responder “a la defensiva” es, literalmente, dinero: el comprador traduce defensiva como riesgo.
Fase 8: recepción de ofertas y elección de finalistas.
Tras reuniones y Q&A, se solicitan ofertas. Al principio pueden ser indicativas; lo importante es compararlas por su calidad, no solo por el titular.
Una oferta en M&A es un paquete: cuánto se paga al cierre, cuánto queda condicionado, qué supuestos hace sobre EBITDA, deuda/caja o circulante, qué pide de permanencia y qué plantea en garantías.
Un mini-esquema para comparar ofertas sin engañarte:
- Dinero al cierre (y certidumbre de cobro)
- Dinero diferido (y probabilidad real de cobrarlo)
- Riesgo postventa (garantías, retenciones, plazos, caps)
- Probabilidad de cierre (financiación, aprobaciones, experiencia del comprador)
Con esto, se elige finalista(s). A veces se mantiene un “plan B” vivo el máximo tiempo posible. No por jugar sucio, sino porque la alternativa es una herramienta legítima para sostener condiciones.
Fase 9: due diligence: cómo evitar el “recorte por cansancio”.
La due diligence es verificación: financiera, legal, fiscal, laboral y, según sector, comercial, tecnológica o regulatoria.
La due diligence no tiene por qué ser una batalla, pero sí suele ser un momento donde el comprador intenta convertir hallazgos en palancas: ajuste de precio, retención, indemnidades específicas o cláusulas más duras en el SPA.
Para evitar el “recorte por cansancio”, tres ideas ayudan mucho:
- data room ordenado (lo que no está ordenado se convierte en sospecha).
- calendario y responsables internos (para que el negocio siga funcionando)
- Q&A controlado (una versión de la verdad).
El objetivo no es “ganar” a la due diligence. Es llegar a la mesa del SPA con un terreno acotado: riesgos identificados y, si existen, tratados con medidas proporcionadas.
Fase 10: negociación y firma del SPA.
El SPA (Share Purchase Agreement) convierte la operación en realidad. Aquí se decide no solo el precio, sino tu tranquilidad durante los meses siguientes.
En el SPA se concretan el precio y su mecánica (pagos, ajustes si los hay), las declaraciones y garantías, los límites de responsabilidad (caps, umbrales, plazos), retenciones (escrow) y cómo se liberan, indemnidades específicas para riesgos concretos y cláusulas de no competencia/no captación.
Si hay transición, es fundamental aterrizarla: funciones, dedicación, duración y condiciones. Una transición ambigua es una fuente de conflicto.
Un detalle operativo que muchas empresas descubren tarde: a veces hay firma (signing) y cierre (closing) en fechas distintas si existen condiciones pendientes (banco, terceros, autorizaciones). Preverlo desde el inicio evita el “todo está, pero no podemos cerrar”.
Calendario típico y cómo evitar que el proceso se eternice.
Cada operación tiene su ritmo, pero hay una regla bastante constante: lo que no se prepara al principio se paga al final.
Suele ir así: estrategia y preparación (semanas), mercado (teaser, NDA, InfoMemo, reuniones) y luego el bloque intenso de ofertas, due diligence y SPA.
Lo que más alarga procesos no suele ser “falta de compradores”, sino:
- data room incompleto
- dudas sobre EBITDA normalizado (base discutida)
- terceros activados tarde (bancos, contratos, consentimientos)
Si quieres una palanca simple: antes de pedir ofertas, asegúrate de que puedes explicar tu EBITDA normalizado sin titubeos y de que tu documentación crítica está localizada. Eso evita semanas de desgaste.
Dos casos reales (anonimizados) para entenderlo de verdad.
Caso 1: la empresa buena que casi se vende “regular” por no ordenar el EBITDA.
Empresa de servicios B2B con margen estable y crecimiento moderado. El fundador estaba convencido de su cifra de EBITDA, pero mezclaba gastos personales y extraordinarios en la cuenta de resultados sin una explicación ordenada.
En el primer contacto, los compradores mostraron interés, pero en cuanto pidieron detalle, cada uno “reconstruyó” el EBITDA a su manera y las ofertas llegaron con rangos muy abiertos.
Qué cambió el proceso: se hizo una normalización sensata, con pocos ajustes y soporte. Se reflejó también el coste real de reemplazar parte del rol comercial del fundador.
Las ofertas se volvieron comparables, el margen de “recorte por duda” bajó y la due diligence se centró en validar, no en reescribir.
Lección: no es solo la cifra; es la credibilidad y la comparabilidad entre compradores.
Caso 2: el comprador ideal que pidió exclusividad demasiado pronto.
Empresa industrial con encaje claro para un grupo del sector. El comprador pidió exclusividad muy pronto “para no perder tiempo”. Tentador.
El vendedor aceptó inicialmente, pero se encontró con una due diligence muy exigente y una renegociación posterior: sin alternativa, cualquier discusión se convertía en un “o lo aceptas o no cerramos”.
Qué habría evitado el problema: mantener un proceso mínimamente competitivo (aunque fuese con pocos actores), o como mínimo condicionar la exclusividad a hitos y plazos cortos. Cuando hay alternativa, el comprador se esfuerza más por cerrar en condiciones razonables.
Lección: exclusividad sin hitos suele ser ceder palanca gratis.
Errores frecuentes que bajan precio aunque la empresa sea buena
• Salir al mercado sin análisis estratégico (contactas a quien no encaja y te desgastas).
• Normalizar EBITDA tarde o mal (dejas que el comprador marque la base).
• Enseñar demasiado pronto (pierdes confidencialidad y control).
• Responder Q&A sin registro (contradicciones = desconfianza).
• Entrar en exclusividad larga sin hitos (te quedas sin alternativa).
• Llegar a due diligence con el data room “en construcción” (fatiga y descuentos).
• Negociar el SPA agotado (ceder en garantías, plazos o retenciones que luego pesan).
En PRETIVM, somos asesores expertos en compraventa de pymes (fusiones y adquisiciones), de empresas que facturen un mínimo de 3 millones de euros al año y un EBITDA mínimo de 0,5 3 millones de euros. Nuestra tasa de éxito es de las más altas del mercado dada la implicación e importancia que le damos a cada proyecto.
Primero Teaser (anónimo) para generar interés sin revelar identidad. El InfoMemo se entrega después, normalmente tras firmar NDA.
Cuando un interesado ha visto el Teaser, muestra encaje y quiere información completa. El NDA es el paso lógico antes del InfoMemo.
Porque la mayoría de ofertas parten de una base de resultado recurrente. Si esa base es discutible, el comprador tendrá excusa para bajar precio o endurecer condiciones.
Suelen venir preguntas (Q&A) y reuniones con el equipo. Si el comprador encaja, prepara una oferta (normalmente primero indicativa).
No. Reduce el precio cuando descubre incoherencias, riesgos no explicados o bases financieras flojas. Si la preparación fue sólida, la due diligence suele confirmar y ajustar de forma acotada.
Después de seleccionar finalista(s) y en paralelo o tras la due diligence. Lo importante es llegar al SPA con un acuerdo económico claro y no con “zonas grises”.
Preparando la base: EBITDA normalizado defendible, data room ordenado y terceros críticos (bancos/consentimientos) mapeados a tiempo.
No solo el titular. Importa cuánto se paga al cierre, cuánto queda condicionado, qué garantías exige el comprador y la probabilidad real de cerrar en plazo y sin renegociación agresiva.



